¿Cuáles son los diferentes tipos de deficiencia auditiva?

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El oído es un órgano vital para nuestra calidad de vida y bienestar. Igual que cuidamos la vista, es importante prestar atención a nuestra audición, ya que el contar con una buena salud auditiva influye más de lo que nos imaginamos en nuestro día a día. De esta forma, una disminución en nuestra capacidad de percibir el sonido implica una dificultad clara a la hora de comunicarnos y relacionarnos con los demás.

Para ello, es fundamental que revisemos nuestros oídos de forma periódica y que acudamos a los especialistas en cuanto percibamos algún síntoma de déficit auditivo. Doshoydos, centro auditivo de referencia en audífonos Zaragoza, cuenta con medios de última tecnología para garantizar un servicio de calidad y personalizado.

En función de la lesión, existen diferentes tipos de deficiencia auditiva. La pérdida conductiva es una de las clases más comunes y se genera cuando tiene lugar un bloqueo que impide que las ondas sonoras pasen al oído interno a través del oído externo y medio. Es decir, se produce un impedimento en el oído que genera dificultades para que el sonido llegue al cerebro. Para hacernos una idea, podemos mimetizar de forma sencilla esta pérdida tapándonos el oído, ya que básicamente se trata del mismo efecto. Las causas más frecuentes son: infecciones -otitis media-, tumores benignos, tímpanos perforados, traumatismos y malformaciones del oído medio y externo y acumulación de líquido o crecimiento anómalo del hueso.

La pérdida neurosensorial se genera por dificultades en el oído interno o nervio auditivo, que se trata del nervio que transporta el sonido desde el oído interno al cerebro. De esta forma, comprende dos problemas. Por un lado, la pérdida sensorial que afecta al oído interno y, por otro, la pérdida neural que tiene que ver con el nervio auditivo. Las causas pueden estar relacionadas con un problema en la cóclea y/o nervio auditivo. No obstante, las razones de esta pérdida auditiva son diversas. En general, suele comprender dos categorías. La hipoacusia congénita es cuando está presente desde el nacimiento, por lo que puede ser heredada o haberse producido por un desarrollo anormal durante la etapa de la gestación del feto. Por otro lado, la hipoacusia adquirida puede generase por diversos factores como: exposición crónica ruidos fuertes, presbiacusia, traumatismos, meningitis o un tumor en el nervio auditivo, entre otros.

Asimismo, dentro de los diferentes tipos de déficit auditivo, figura la pérdida mixta, que consiste en una combinación de ambas: pérdida conductiva y pérdida neurosensorial. Esto significa que podemos tener daños tanto en el oído externo o medio como en el oído interno. Las causas también son diversas: defectos de nacimiento, enfermedades, tumores, infecciones, envejecimiento, etc.

Diferentes niveles

La pérdida auditiva comprende diferentes niveles. Es decir, en función del déficit que arrastremos, podemos tener una pérdida leve, moderada, severa o profunda. Leve es cuando el problema auditivo es inferior a los 40 decibelios, lo que implica que podemos escuchar algunos sonidos del habla, pero no oímos con claridad por ejemplo los susurros. La moderada se sitúa entre los 40 y 70 decibelios, lo que conlleva que no escuchemos casi nada de lo que dice una persona al hablar en una conversación con un volumen normal. La severa, que se registra entre los 70 y 90 decibelios, es cuando solo percibimos algunos sonidos fuertes y no conseguimos escuchar lo que dice una persona al hablar en un volumen normal. La pérdida auditiva profunda se produce cuando, en lo mejor de los casos, se logra detectar sonidos por encima de los 90 decibelios (sordera profunda) o no se detecta sonidos para nada (cofosis).

Por otro lado, la pérdida auditiva pueda describirse como: unilateral o bilateral (en función de si afecta a uno o los dos oídos); prelingüística o postlingüística (si ocurrió antes o después de aprender a hablar); simétrica o asimétrica (en el caso de que el grado sea el mismo o distinto en los dos oídos); gradual o repentina; fluctuante o estable (en el caso de que mejore o empeore con el tiempo) y congénita o adquirida.

2020-08-22T01:41:15+00:00 14 Agosto, 2020|